ijTTHL12026

agricultores y agricultoras, e incentivar la transmisión intergeneracional de los conocimientos tradicionales. De lo contrario, la Huerta corre el riesgo de convertirse en un espacio museificado, despojado de su función productiva y, en consecuencia, de su autenticidad. En segundo lugar, el turismo gastronómico emerge como un instrumento estratégico de dinamización territorial. La puesta en valor de productos de proximidad, rutas turísticas asociadas al patrimonio etnológico y arquitectónico (como el Agromuseu de Vera o las alquerías históricas), y experiencias vinculadas a la horchata o la paella, permiten articular una oferta turística diferenciada, anclada en la identidad valenciana. No obstante, conviene advertir sobre el riesgo de banalización cultural y de excesiva turistificación. El reto consiste en que el turismo gastronómico sea una herramienta de desarrollo sostenible y no una actividad que distorsione las prácticas agrarias o comprometa el equilibrio del ecosistema de la Huerta. En tercer lugar, el diseño de rutas turísticas debe contemplarse desde una visión crítica de gobernanza participativa. La planificación no puede limitarse a infraestructuras y señalización; requiere la implicación activa de comunidades locales, agricultores, instituciones académicas y administraciones públicas. Solo de este modo se logrará que las rutas contribuyan a fortalecer el vínculo entre el visitante y el territorio, promoviendo actitudes de respeto hacia el medio y fomentando el consumo responsable. Finalmente, la Huerta de València se erige como un laboratorio paradigmático para la aplicación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Su vinculación con la soberanía alimentaria, la producción y consumo responsable, la lucha contra la pérdida de biodiversidad y la cohesión social urbana-rural, convierte a este espacio en un referente europeo. Ahora bien, alcanzar estas metas implica superar inercias institucionales y consolidar un modelo de gobernanza integrado que trascienda las políticas sectoriales, evitando que la Huerta se instrumentalice únicamente como reclamo turístico o se reduzca a un símbolo cultural sin base productiva real. En conclusión, la sostenibilidad de la Huerta de València exige equilibrar tres ejes: la preservación de su patrimonio material e inmaterial, la rentabilidad social y económica de la actividad agraria, y la adecuada gestión del turismo gastronómico como vector de desarrollo. Solo desde esta perspectiva crítica e integradora será posible garantizar que este paisaje milenario siga siendo un espacio vivo, productivo y culturalmente significativo para las generaciones futuras. 193 EL TURISMO GASTRONÓMICO EN LA HUERTA DE VALÈNCIA

RkJQdWJsaXNoZXIy MTE4NzM5Nw==